La naturaleza, independientemente de la organización del tipo de materia que se considere, está llena de osciladores. De las emisiones de energía en forma de radiación, cada una con su frecuencia característica, a los pulsares y a los planetas que giran alrededor de las estrellas, los sistemas geológicos, como la temperatura a lo largo de la historia de la Tierra, los sistemas bursátiles, los precios, todo puede ser visto como sistemas oscilantes. Los mecanismos homeostáticos de tipo de animal, los miles de genes celulares que se regulan unos a otros en el sistema de expresión del genoma, las redes de células y moléculas determinantes de la respuesta inmune, las células del fascículo de Hiss, que regulan el latido cardíaco, los miles de millones de neuronas de las redes nerviosas que fundamentan materialmente la actividad mental, el aprendizaje y, a fin de cuentas, el pensamiento, son algunos ejemplos de sistemas que tienden a autoorganizarse.
La autoorganización también ocurre en algunas colonias de luciérnagas. El macho de la luciérnaga lanza una señal luminosa intermitente, a lo que la hembra responde si el patrón de la intermitencia es suficientemente sexy para ella. En ciertas colonias, las frecuencias de las emisiones de luz tienden las unas hacia las otras y, más tarde, se acoplan totalmente. He aquí un oscilador biológico apasionante, capaz de producir por sí solo un sinnúmero de experiencias estéticas: charcas enteras, árboles, mangles, habitados por colonias enormes de estos insectos terminan emitiendo destellos periódicos de luz verde en la noche selvática. Los osciladores independientes de cada insecto, tras un proceso de adaptación en el que el conjunto produce un cierto número de patrones de pulsación caóticos, determinados por las frecuencias independientes de pulsación de cada uno, llegan a acoplarse en una única emisión rítmica intermitente; se sincronizan.
Fascinado por esa visión, quise remedar el comportamiento emergente de las colonias de luciérnagas de manera electrónica en una instalación. Realicé su primera maqueta en 1994. Tenía cinco luciérnagas electrónicas. Ahora la instalación reúne 60 elementos electrónicos y 128 computacionales. Cuando la luz ambiental es intensa, cada objeto electrónico late independientemente. En el momento en que la cantidad de luz desciende por debajo de un cierto umbral -cuando las señales infrarrojas pueden ser captadas por los receptores de los vecinos-, el sistema tiende a estabilizarse de forma que se crean áreas extensas donde los objetos llegan en algún momento a latir en sincronía. Los agentes computacionales, individualmente sin nombre y sin memoria, remedan ese comportamiento y lo proyectan en un diedro del extremo opuesto del espacio al que ocupan los objetos electrónicos. Del comportamiento individual de estos últimos, Luci no es otra cosa que una inesperada emergencia.

José Manuel Berenguer. Vive y trabaja en Barcelona. Director de la Orquesta del Caos y del Festival Música13, fundador de NauCôclea, miembro de la Académie Internationale de Musique Eléctroacoustique de Bourges y Presidente de Honor de la International Confederation of Electroacoustic Music del Consejo Internacional de la Música de la UNESCO. Su trabajo se orienta a la instalación, al tiempo real y la interactividad, donde trata de la filosofía y la historia de la ciencia, los límites del lenguaje, la ética, vida e inteligencia artificial, la robótica, el metabolismo de la información, así como los limites mismos de la comprensión y la percepción humanas.

En colaboración con el Taller de Creación Artística, Centro Cultural España Córdoba y Museo Genaro Pérez.

Sitios de interés
Centro Cultural Casona Municipal, lacasona.wordpress.com
NauCoclea, www.naucoclea.com
Galería Llucià Homs, www.galerialluciahoms.es
ARCO-BEEP, www.arco.beep.es
El Banquete-Nodos y Redes, www.banquete.org/banquete08/Luci-Sin-nombre-y-sin-memoria-2008
José Manuel Berenguer, www.sonoscop.net/jmb
Orquesta del Caos, www.sonoscop.net